La creatina se ha convertido en uno de los complementos más conocidos dentro de la nutrición deportiva. También es uno de los más estudiados.
Sin embargo, a medida que ha aumentado su popularidad han aparecido multitud de productos, sellos, materias primas registradas y diferentes argumentos relacionados con la pureza. Y surge una pregunta lógica: ¿cómo podemos saber si una creatina es realmente de calidad?
La respuesta requiere mirar algo más que el nombre que aparece en la parte frontal del envase.
Empecemos por lo fundamental: monohidrato de creatina
Existen distintas formas de creatina en el mercado, pero el monohidrato de creatina continúa siendo la referencia científica.
Una amplia revisión científica publicada en Nutrients concluye que el monohidrato sigue siendo la forma con mayor respaldo en cuanto a biodisponibilidad, eficacia y seguridad. Los autores señalan además que otras formas comercializadas no han demostrado ser superiores al monohidrato en términos de captación muscular o eficacia.
Una buena creatina no necesita utilizar una forma química especialmente compleja. El monohidrato sigue siendo el punto de referencia.
La nueva Creatina en Polvo de Lamberts utiliza precisamente monohidrato de creatina como único ingrediente. Cada porción proporciona 5 g.
Entonces, ¿todas las creatinas monohidrato son iguales?
No necesariamente. Que dos productos utilicen monohidrato de creatina significa que comparten el mismo ingrediente activo, pero no nos informa por sí solo sobre cuestiones como:
- la pureza de la materia prima;
- su procedencia;
- los controles realizados;
- posibles impurezas del proceso de fabricación;
- la trazabilidad;
- las condiciones de producción;
- o el control del producto terminado.
Por eso, cuando hablamos de calidad conviene diferenciar dos cuestiones. Por un lado está qué sustancia estamos tomando. Por otro, cómo se ha fabricado y controlado esa sustancia.
Y es precisamente en este segundo punto donde empiezan las diferencias entre fabricantes.
Pureza: un dato importante, pero no el único
La nueva Creatina Lamberts declara una pureza del 99,5 % y una biodisponibilidad cercana al 100 %. Además, se presenta micronizada, es decir, procesada para obtener partículas de menor tamaño que facilitan su dispersión y mezcla en líquidos.
Pero interpretar correctamente un porcentaje de pureza exige ir más allá del número. En la fabricación de creatina pueden vigilarse diferentes parámetros y subproductos derivados del proceso. Por eso los sistemas de control, las especificaciones de las materias primas y los análisis realizados forman también parte de la evaluación de calidad.
Una cifra elevada de pureza es relevante. Saber qué controles existen detrás de esa cifra lo es igualmente.
¿Qué ocurre con Creapure®?
Es probablemente el nombre más reconocido cuando se habla de materias primas de creatina. Pero hay una distinción importante:
Creapure® no es una forma diferente de creatina. Es una marca registrada de monohidrato de creatina.
Es una materia prima producida por Alzchem en Alemania bajo su propio proceso de fabricación y sistema de control de calidad. Actualmente Creapure declara una pureza mínima del 99,9 %, análisis individual de los lotes y un sistema de trazabilidad mediante un código QS verificable. También publica información específica sobre determinados parámetros de control de su materia prima.
Ese sistema constituye uno de los principales valores de la marca Creapure.
La evidencia que respalda los efectos de la suplementación con creatina se ha construido fundamentalmente alrededor de esta forma química, independientemente de que en un producto concreto figure o no una determinada marca comercial de materia prima.
Si una creatina no es Creapure®, ¿cómo valoramos su calidad?
Aquí es donde debemos mirar al fabricante. Una materia prima registrada es una manera de aportar garantías, pero no es la única forma de establecer un sistema de calidad.
En el caso de Lamberts, la compañía declara que cada materia prima es examinada antes de entrar en producción y que sus instalaciones británicas trabajan bajo estrictas normas de Correcta Fabricación o GMP.
Lamberts explica además que estas normas abarcan diferentes aspectos de la producción: desde las materias primas y las instalaciones hasta los equipos, procedimientos y controles necesarios para mantener una fabricación consistente.
Este punto es especialmente importante. La calidad de un complemento alimenticio no depende únicamente de comprar una determinada materia prima. También depende de cómo se controla antes de utilizarla, cómo se fabrica el producto y qué sistema permite mantener una calidad consistente entre lotes.
¿Qué ofrece concretamente la Creatina Lamberts?
La nueva referencia de Creatina en Polvo de Lamberts presenta una formulación especialmente sencilla: un único ingrediente: monohidrato de creatina. Cada porción aporta 5 g y un envase de 250 g proporciona hasta 50 días de suministro.
- Monohidrato de creatina con un 99,5 % de pureza.
- Micronizada para facilitar su dispersión.
- Sin sabor ni olor.
- Sin OGM y sin ingredientes irradiados.
- Apta para vegetarianos y veganos.
- Elaborada en Reino Unido bajo normas GMP.
- Sin mezclas adicionales ni otros ingredientes en la fórmula.
Micronizada: ¿significa que es más efectiva?
Conviene hacer otra distinción. La micronización reduce el tamaño de las partículas y puede hacer que el polvo resulte más fácil de dispersar y mezclar en líquidos. Eso mejora características prácticas del producto.
Pero no debemos confundir una mejor dispersión con una supuesta nueva forma de creatina con mayor eficacia fisiológica. Seguimos hablando de monohidrato de creatina.
Y precisamente una de sus ventajas es que no necesita transformaciones sofisticadas para contar con un elevado respaldo científico.
¿Cuánta creatina hay que tomar?
La declaración autorizada en Europa establece que 3 g diarios de creatina mejoran el rendimiento físico en series sucesivas de ejercicios breves de alta intensidad.
La Creatina Lamberts aporta 5 g por porción, con cuchara dosificadora incluida. Por tanto, no es necesario calcular la dosis en función del peso corporal para seguir el modo de empleo habitual de este producto.
La constancia en la ingesta resulta más relevante que buscar protocolos innecesariamente complicados para la mayoría de usuarios.
La calidad no debería reducirse a un logotipo
Los sellos de materias primas reconocidas pueden aportar información útil sobre procedencia, fabricación y trazabilidad. Creapure® es un buen ejemplo de ello y ofrece un nivel elevado de información pública sobre su propia materia prima.
Pero valorar una creatina simplemente preguntando “¿es Creapure sí o no?” deja fuera buena parte de la información relevante. También deberíamos preguntarnos:
- ¿Qué forma de creatina contiene?
- ¿Cuál es su pureza declarada?
- ¿Quién fabrica el producto?
- ¿Se analizan las materias primas?
- ¿Bajo qué estándares se fabrica?
- ¿Existe un sistema de control y trazabilidad?
- ¿Contiene realmente solo aquello que necesitamos?
Cuando aplicamos esas preguntas a la nueva Creatina Lamberts encontramos una propuesta muy clara: monohidrato de creatina micronizada, 99,5 % de pureza, un único ingrediente y el sistema de calidad y fabricación de Lamberts detrás del producto.
Menos marketing. Más criterio.
La creatina no necesita ser complicada. El monohidrato continúa siendo la forma con mayor evidencia científica y la referencia frente a la que se comparan las demás formas de creatina.
A partir de ahí, la elección de un producto debería considerar la calidad de la materia prima, su pureza, los controles realizados y la fiabilidad del fabricante.
Lamberts lleva más de 40 años desarrollando complementos alimenticios y declara analizar sus materias primas antes de producción y fabricar bajo estrictos estándares GMP en Reino Unido. Su nueva Creatina en Polvo traslada esa filosofía a una fórmula especialmente sencilla:
Porque cuando existe evidencia detrás del ingrediente y controles detrás del producto, no hace falta complicar la fórmula.